Alegato en defensa del “Pinus pinaster”

 

Tremendo discurso pronunciado por el biólogo e ingeniero de Montes Luis Gilayer en el Paraninfo de la Universidad Politécnica de Madrid en su ceremonia de ingreso en la Real Academia de Ingeniería (RAI), un bonito homenaje a este pino, no muy querido por todos.

 

Llevo décadas barruntando cómo mostrar el valor ecológico, cultural y utilitario de los pinos, hasta el punto de hacerlo objetivo de mi discurso. Nunca pensé rendir homenaje a los árboles más incomprendidos de nuestra flora forestal, ante un auditorio, tan selecto y amigable. Perdonad por ello, que recupere textos dispersos y, tras templar el ánimo, rememore una parte de mi vida profesional. También pido excusas a mis compañeros de grupo por aparcar a olmos, alcornoques, hayas y robles en mi defensa pinariega y poder hacer valer su ‘nobleza de savia’.

Este pino, aun en suelos sedientos, va a "asombrar" a jaras, cantuesos, brezos y otras matas, una vegetación dura, balsámica, con una diversidad específica fácil de ver y que "marea al respirarla", pero se eleva sobre ellas sobrio, simple y puede que monótono, escondiendo, una llamativa variabilidad intraespecífica, diversidad que no se ve y que nos ha hecho más difícil conocerle.

Foto: edithbruck (flickr)

 La continua presencia de los pinares en la península, y en las islas que hoy son España, se constata en la variedad de nombres que han recibido a lo largo de la historia. Además de los fácilmente reconocibles por proceder del latín, se conservan, subyacentes en la toponimia o en textos antiguos, voces de origen griego, fenicio, prerromano, bereber, árabe y vasco. Términos como Pitiusas, que designa a las Baleares menores, Ibiza, Valsaín, Tiétar, Teide, Alerce, Laredo o Cerler, hoy opacos a su sentido primitivo, todos ellos manifiestan un pasado pinariego.

Añoro el bosque perdido por el desarrollo, de una sociedad, que puso la naturaleza a su servicio, sin intuir sus consecuencias. Hoy desearía contribuir a restañar las heridas abiertas por milenios de actividad agropecuaria, a la que ayudaron la construcción naval y civil, la minería y la industria, en fin, aunque me pese decirlo en este foro, todas las variantes antiguas de la ingeniería participaron en la reducción de los bosques.

Foto: Tim Waters (flickr)

 Hoy es un objetivo "saber qué hacer" con esos pinares monoespecíficos, coetáneos y de elevadas densidades, para que alcancen la madurez y el equilibrio que les dé estabilidad frente a cualquier evento. La selvicultura falta en miles de hectáreas de nuestra geografía; se interviene con soluciones parciales o grandes medios para apagar el fuego y, cuando adquiere dimensiones mediáticas, se reparten fondos para silenciar a las poblaciones afectadas; inversiones que se dedicarán a casi todo, pero poco al espacio forestal.

En último lugar, una cosa deseo soñar, si se impone que no haya gestión, que no sea el fuego el que acabe con ellos, que la muerte les llegue de manera natural.

 

El discurso completo (202 páginas) se puede descargar en pdf (3.9Mb) aquí, es una lectura un poco "complicada" por lo protocolario del acto y los técnico del escrito, pero muy recomendable para cualquier compañero de gremio o cualquier persona interesada en el monte formado por este pino.

 

Para saber más sobre el Pinus pinaster, podéis visitar:

Comentarios

  1. Luis dice:

    Felicidades por la web Hugo, me parece muy interesante, de hecho la he añadido en mi blog.

    Un saludo

  2. Luis dice:

    Felicidades por la web Hugo, la encuentro muy interesante, de hecho la he añadido en mi blog.

    Un saludo